26.Junio.2014
LOS INVISIBLES DE LA NOCHE PORTEÑA
`La calle es de quien la toma` dice una chica que huyó de su casa<br /> <br /> <br />
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Decenas de indigentes pernoctan en las calles del centro histórico de la ciudad de Veracruz. Prefieren hacerlo ahí, que en los albergues municipales acondicionados para esos casos. <br />
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Durante las primeras horas de la madrugada, justo al cierre de cantinas y portales, los indigentes se anidan sobre cartones y trapos, en cualquier pórtico o al pie de las cortinas comerciales, con la firme intención de descansar, cierran los ojos y nadie los ve, `nos volvemos invisibles con la noche`, asegura Daniela, una joven trotamundos que por el momento vive en las calles de Veracruz, donde comparte `la cama de piedra`, con indocumentados, drogadictos, alcohólicos, trasnochados y hasta familias enteras que han venido de otros estados a probar suerte al puerto, pero fallan en el intento.<br />
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`Nos volvemos invisibles con la noche`<br />
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Prefieren dormir en la calle, que en los albergues destinados para dar alojamiento a personas que no tienen donde pasar la noche, la razón es simple, `ahí hay reglas, todo es a tiempo y y no puedo estar en un lugar así, me siento encerrada, como un animal`, comenta Daniela, quien prefiere aventurarse a los peligros que la calle ofrece, a encerrarse en un lugar donde le dicten como proceder, `sí, es peligroso, pero nos volvemos invisibles con la noche, aquí cae de todo, ilegales, indigentes, borrachos, drogadictos, niños de la calle, hasta parejitas que no tienen donde hacer sus cosas y por ahorrarse el motel, terminan junto a nosotros, acurrucados, entregados a la pasión, jajajajaja`, sostiene Daniela, una muchacha originaria de Puebla a quien no le gusta seguir reglas, por eso huyó de su casa, `la calle es de quien la toma`, dice. <br />
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Por la mañana fue echada de uno de los locales del mercado de Artesanías Miguel Alemán, sobre el malecón turístico, por el dueño que a patadas le dio los buenos días, `me dieron los buenos días a patadas, jajaja, me levantó el dueño del local de artesanías, me dijo ‘llégale, aquí no es hotel, vámonos que ya voy a abrir’,ni modo mano así es esto`.<br />
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`Diluvio de estrellas, palmera y mujer`<br />
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Mario prefiere gozar del diluvio de estrellas en el paseo del malecón, `es mas fresco, hay mas luz y puedo dormir tranquilo porque hay un montón de marinos cuidando`, refiere. Mario es alcohólico y lleva ya muchos años en la ciudad, al ver la cámara fotográfica, recuerda su juventud en Guadalajara, lugar de donde salió a probar suerte.<br />
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`Que bonita cámara, yo sabía revelar, trabajé en un laboratorio de foto en Guadalajara, usábamos químicos y papel para imprimir, pero salí a probar suerte. Ya no pude regresar, me encantó Veracruz con ‘sus noches, diluvio de estrellas, palmera y mujer’, jajaja, pa que veas que si me la sé`, canta.<br />
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Tuvo intenciones de regresar de visita a su tierra natal, pero ya no había nadie esperándolo, solo la calle, allá también sería indigente.<br />
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`Quise regresar hace unos años, pero ya no me queda nada por allá, si llegaba iba a vivir también en la calle, luego me enteré de que un grupo de gente andaba quemando vivos a los indigentes en Guadalajara, me dio miedo y mejor me quedé aquí, a disfrutar del mar`, dice Mario.<br />
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`Pero ya les prometí que la próxima, nos vamos a quedar en un hotel`<br />
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Pero no todos hacen del centro histórico su alcoba permanente. Algunos solo la alquilan por una o dos noches, luego se van. Carlos, Eugenia y su pequeña hija, toman el desayuno en una banca recubierta de mármol sobre el paseo de los insurgentes veracruzanos, luego de pernoctar al lado del Golfo de México.<br />
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`De pelos levantarte y ver como sale el sol por el mar, yo me levanté primero y desperté a mi mujer y a mi hija para que también lo vieran, somos de Maltrata, allá no hay mar y vinimos por que me dijeron que estaban contratando gente para lo de la ampliación del puerto, pero no amarramos nada todavía, hay que regresar después, lo malo es que no mas trajimos lo del pasaje, esperanzados en que el trabajo era seguro, ahorita estamos desayunando galletas y refresco que nos sobraron de ayer, vamos a pedir dinero para regresarnos, está bonito Veracruz, pero venir a trabajar, para venir a pasear hay que traer dinero y yo no traigo, por esta vez nos quedamos en la calle a dormir, pero ya les prometí que para la próxima nos vamos a quedar en un hotel que tenga playa`, finaliza Mario, uno de los tantos visitantes que hacen de las calles de Veracruz su cama y mesa.

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