Papantla, Ver., 30 de abril, 2014.-Este día se celebra en México `El Día del Niño`. Aunque para la mayoría de ellos, la celebración es sinónimo de fiestas, dulces, juguetes y suspensión de clases, para otros, el ser niño tiene otro significado. Representa la oportunidad de extender por muchas generaciones mas, el bagaje cultural ancestral de los pueblos mesoamericanos. Ellos son desde ahora, la identidad futura de México. Los niños voladores de Papantla y los niños del laboratorio de acrobacia indígena, son muestra de ello.
El parque temático Takilhsukut, en el municipio de Papantla, Veracruz, alberga una de las más singulares escuelas de todo el territorio veracruzano, La escuela de los niños voladores. Aquí, se les enseña a bailar, a conocer los sones, a amarrarse, a confeccionar sus penachos y accesorios y todo el ritual de iniciación, desde el corte y la elección del árbol, hasta el momento cúspide de la ceremonia, el vuelo. El director de una de las escuela, Porfirio Morales Juárez, confirma que actualmente son 36 los pequeños que toman lecciones en el parque temático Takilhsukut, para aprender todo lo que implica ser volador, a fin de preservar esta tradición ancestral totonaca, considerada patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, por la UNESCO en el año 2009. La escuela fue inaugurada, hace 8 años.
`Se trata de un ritual prehispánico que inicia desde que se elige el tronco mas alto, y que culmina cuando los 4 niños descienden colgados de los pies. En el proceso de aprendizaje, los niños practican en postes de 10 a 12 metros de altura, para después hacerlo en uno de 18 metros, que es el normal. Actualmente contamos con 36 alumnos, que van desde los 8 hasta los 14 años, a algunos les cuesta hasta un año para poder aventarse, pero poco a poco van ganando confianza.` Explica el director y docente de la escuela de niños voladores.
Sin embargo, no es fácil para los infantes tomar esta decisión. En muchas ocasiones son presionados por la tradición familiar y en otras la inseguridad y el temor ha ser objeto de burlas por parte de los muchachos de su edad, influyen de manera negativa al momento de acceder a formar parte de una de las cinco escuelas de niños voladores, auspiciadas por el Centro de las Artes Indígenas.
Cruz Ramírez Vega, coordinador de la escuela de niños voladores del CAI, explica a EL MERCURIO DE VERACRUZ, algunos de los factores que ayudan a romper ese miedo, y que motivan al muchacho con determinación, a convertirse en hombres pájaro.
`La familia en general, padres, abuelos, hermanos mayores, ayudan a los niños transmitiéndoles la lengua original a través de leyendas, rezos, la música y la danza. También los guían en la confección de los trajes y accesorios del volador. La primera vez que un niño vuela, experimenta emociones muy fuertes, por eso debe subir al palo ayudado por un instructor y posteriormente arriba, los maestros se encargan de amarrarlo y lanzarlo en la posición correcta.`
El muchacho Esaú Santes de 14 años, comenta que la primera vez que voló, tuvo mucho miedo, sin embargo lo que lo hizo ser valeroso, fue el hecho de que son pocos los niños que se atreven a desafiar a la fuerza de la gravedad y a convertirse en voladores de Papantla. Por el momento es un niño volador.
El Laboratorio de acrobacia indígena, también incluye a niños en sus actos, como principales artistas. Participan en este laboratorio, pequeños que representan danzas y suertes circenses de rituales como `Los Tejoneros de Coxquihui`, `Los Mecos de Ixacatepec`, `Los Maromeros Zapotecos`, `Los Guaguas de Papantla` y `Los Zancudos de Zachila`, entre otros. Provenientes de varias regiones del estado de Veracruz, los acróbatas realizan representaciones de actos circenses practicados en el México prehispánico, con diferente significado, dependiendo de cada etnia, pero con algo en común, el ritual ceremonial teológico, pues a través del baile, acrobacias y demás actos, desarrollaban la adoración a sus dioses.
Sin embargo, en la época de la colonia, los españoles prohibieron estos actos, hasta que en el festival de cumbre tajín del año 2013, se rescató el espectáculo y fue presentado en el festival como `Circo Indígena`. No todo en la vida de un niño son juegos, golosinas y despreocupaciones, como pudiera pensarse, algunos se atreven a madurar su conciencia en plena infancia y aceptan con orgullo el reto de preservar los rituales ancestrales que dan identidad a nuestro pueblo,como los niños voladores y los niños del laboratorio de arte indígena.