04.Abril.2014
EL MURO DE PESCADORES, UNA TRADICIÓN JAROCHA
Aquí algunas de las historias de quienes lo visitan...
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El muro de pescadores es uno de los lugares mas concurridos del puerto de Veracruz, gracias a la privilegiada panorámica que ofrece de la ciudad.<br />
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Jarochos y visitantes hacen de este lugar uno de los preferidos para pasear, pescar ejercitarse o simplemente tomar la fresca brisa marina, por la mañana o por la tarde, mientras se aprecia el ir y venir de los enormes barcos de carga, entrando o saliendo del puerto. <br />
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Don José Luis Bautista, lleva ya 52 años pescando en este sitio y ademas de buenos amigos y enormes peces, ha capturado a la par, historias chuscas o conmovedoras, que hacen de la actividad pesquera una delicia que solo el puerto de Veracruz ofrece. <br />
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`Empecé muy chamaco- comenta- tenía 11 años y me escapé de mi casa en la 21 de Abril, yo solo venia a pescar, a ayudar a jalar redes, con el anzuelo, en fin a vivir del mar`.<br />
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Cuenta, don José Luis, que fue acogido por un grupo de experimentados pescadores, que lo utilizaban para recoger la red barredora en que pescaban las diminutas sardinas españolas, las cuales eran empleadas, como carnada, en la captura de Tolete, Pámpano, Mero y SÁ balo, especies que en ese tiempo `acudían al muro por montones`. <br />
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Sin embargo por este trabajo recibía a cambio algunos peces de los llamados `Culiches`, un pez sin valor comercial y que era abandonado en las playas sin el mayor empacho. Esta situación no agradaba mucho al joven Bautista, quien tuvo que ingeniar un método efectivo para hacer frente al abuso cometido por parte de aquellos `viejos lobos de mar`. <br />
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De manera que comenzó a meter entre sus truzas, algunos ejemplares de los mas codiciados peces que aparecían en la red, aprovechando el desconcierto y el desorden que imperaba, cuando era sacado el enorme cardumen a la playa. <br />
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Aun vivarachos, saltando de un lado a otro entre las piernas del novel pescador, como un cachorro jugando debajo de una manta, los peces de 2 o 3 kilos, oponían una resistencia feroz y vendían cara su derrota.<br />
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Una vez controlados los animales, el pequeño José Luis corrÁ¬a detrás de los médanos y enterraba rápidamente el botín obtenido, cual pirata ocultando el cofre lleno de monedas de oro. <br />
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Solo le daba tiempo para esconder 2 0 3 pescados, marcando posteriormente el escondite de cada uno, con basura, ramas, algas o cualquier cosa que le sirviera de señal, que solo él por supuesto, pudiera decodificar. Al terminar la faena, se despedía, se perdía tras los montones de arena y entonces cambiaba los culiches por robalos y regresaba feliz a casa.<br />
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Recordó que en una ocasión un turista gringo llegó al muro y entusiasmado al ver la gran cantidad de pescadores ahí congregados, se dispuso a formar parte del grupo. Compró su `linea` de hilo acerado, su carnada y anzuelo y con apenas los suficientes conocimientos que le proporcionó un improvisado curso intensivo de pesca, ofrecido por el volovanero de la esquina, se dispuso a saciar su curiosidad. Los pescadores lo miraron con recelo y con curia, acompañando las miradas con risas sarcásticas y comentarios mordaces. <br />
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Ni ellos a lo largo de toda la mañana habían capturado un solo bagre. El gringo no tenia posibilidades de pescar siquiera un resfriado. Lanzó el güero su `linea` y acto seguido un enorme sábalo de 5 kilos apareció enganchado de la boca, despedazando el trozo de sardina que servia como carnada, arrastrando al visitante, en un paseo involuntario, por varios metro de la bahía. El míster cayó al agua soltando la madeja, pero sin dejar de ver con los ojos desorbitados, al `mostruo` plateado que luchaba por zafarse de la trampa, mientras agitaba las manos y pedía ayuda en un lenguaje incomprensible . <br />
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Finalmente, la cordura y la ingesta de varios litros de agua salada le hicieron recapacitar. Dijo adiós al maravilloso ejemplar, que se perdió entre los barcos y tomó la mano del muchacho José Luis, quien lo sacó del agua, le dijo algunas palabras de aliento y admiración y le indicó el camino al hotel Emporio, lugar donde tenia su habitación. El gringo era un desastre. Maltrecho, partió cabizbajo, empapado y sin mirar atrás. El muro de pescadores, era una alegoría de risas y burlas.<br />
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Una noche don José Luis, conoció a un muchacho, güero, alto, bien parecido, que pescaba en el muro tranquilamente. Lo acompañaban su esposa, muy atractiva, y su pequeña hija. Intercambiaron saludos y vio como la pareja se despedía. Ella tomaba a la pequeña y retornaba a su hogar. Áˆl pasaría toda la noche pescando. A fuerza de verse diariamente, comenzaron a intimar. Áˆl le confesó que le encantaba la pesca y que dormía durante el dÁ¬a, para en la noche, regresar al mar, dejando a su esposa, por las noches, al cuidado de un vecino. Una noche el joven atrapó una curvia de 4 kilos, un enorme pez carnoso. José Luis lo felicitó por la captura y lo alentó diciéndole que su esposa estaría gustosa de prepararle al acuyo tan magnifico ejemplar, y él de devorarlo. <br />
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Áˆl muchacho protestó y dijo que no le gustaba el pescado, que no lo consumía nunca, sin embargo estaba dispuesto a regalarlo a su vecino, en agradecimiento por el favor de cuidar a su esposa durante todas las noches de su ausencia. Pasó el tiempo y dejó de verlo. Luego de un año, el joven volvió. De nueva cuenta acompañado de su esposa, como la primera vez, solo que ahora, ademas de la hija, paseaban a otro bebé en una carreola. Al acercarse, José Luis, para saludar a la familia, pudo ver que el ocupante de la carreola, era un bebé de tez morena, morenisima. El güero se despidió de su mujer, acomodó su termo con café y se dispuso a instalar sus doce lineas que utilizaba para una pesca mas efectiva.<br />
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`Hoy voy a pescar un peto- dijo el muchacho- a mi vecino le encanta el ceviche y le voy a llevar uno bien grande`. Luego se clavó en la actividad que tanto disfrutaba.<br />
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Los lugares en el muelle tienen dueño. Quien llega primero tiene derecho, por antigüedad, de ocupar el lugar que guste o que se encuentre disponible. Cuando alguien invade un espacio ajeno, suelen registrarse fuertes riñas. En una ocasión José Luis presenció una de estas, una muy grande, donde un joven apodado el caníbal, por su aspecto, fue cacheteado por otro pescador sin razón aparente, pues el pleito no era entre ellos, pero ante la efervescencia del momento, el agresor sintió la necesidad de ser parte activa del enfrentamiento, encontrando en el caníbal, un sinodal a modo para proclamarse victorioso y luego contar en la cantina su relato de como estuvo ocupado lanzando golpes contra la humanidad de algún contrario. Los lugares en el muelle tienen dueño. Quien llega primero tiene derecho, por antigüedad, de ocupar el lugar que guste o que se encuentre disponible. <br />
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Cuando alguien invade un espacio ajeno, suelen registrarse fuertes riñas. En una ocasión José Luis presenció una de estas, una muy grande, donde un joven apodado el caníbal, por su aspecto, fue cacheteado por otro pescador sin razón aparente, pues el pleito no era entre ellos, pero ante la efervescencia del momento, el agresor sintió la necesidad de ser parte activa del enfrentamiento, encontrando en el caníbal, un sinodal a modo para proclamarse victorioso y luego contar en la cantina su relato de como estuvo ocupado lanzando golpes contra la humanidad de algún contrario. Así que lanzó un fuerte golpe a la cara del caníbal, tirándolo al suelo. <br />
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El caníbal llorando lo increpó, `¿por que me pegas le dijo?`, el oponente al no encontrar una justificación para tal acción, contestó eufóricamente lo primero que le vino en mente. `Por feo`- le dijo-. y el caníbal empezó a llorar con mas fuerza.<br />
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José Luis se acercó la caníbal y le imprimió un poco de humor al dolor de la víctima, consolándolo. Lo enrredó con un brazo por el cuello y le dijo: `Ya mi caníbal, usted no se agÁœite por ser feo, agüitese por que nunca se le va a quitar`. Y soltando carcajadas que se escuchaban hasta el astillero, los dos partieron del muro olvidando por un momento la pesca, buscando algún depósito donde comprar algunas cervezas.

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