En el ejido Citlaltépetl, situado junto a la carretera federal Álamo–Tihuatlán, los habitantes denunciaron un masivo derrame de hidrocarburo que formó una espesa capa aceitosa de hasta medio metro de grosor, causando un grave daño ambiental en la región. El paisaje, que solía oler a campo y naranjal, ahora está impregnado por el penetrante aroma del petróleo, mientras los pobladores observan con desánimo cómo el aceite cubre árboles, parcelas y cuerpos de agua.
De acuerdo con los testimonios, el siniestro comenzó desde el mediodía del jueves, cuando se detectó un fuerte olor a gas, seguido por el escurrimiento de crudo que rápidamente se extendió sobre tierras de cultivo, arroyos y zonas de vegetación. Ante la magnitud del incidente, el agente municipal dio aviso inmediato al 911 de Emergencias para solicitar apoyo.
Horas más tarde, personal de Petróleos Mexicanos (PEMEX) acudió al sitio y consiguió cerrar la válvula del ducto para detener el flujo del hidrocarburo. No obstante, el daño ya estaba hecho: el arroyo de la comunidad terminó completamente contaminado, convertido en un río oscuro y denso por miles de litros de crudo derramado.
Los pobladores advierten que se trata de un ecocidio y afirman que el petróleo alcanzó árboles frutales, naranjales, zonas silvestres y cuerpos de agua donde habitaban peces y otras especies. “Todo lo que el crudo tocó se va a morir”, lamentó uno de los vecinos, preocupado por la pérdida de las cosechas y por el riesgo de que la tierra quede improductiva durante mucho tiempo.
Ante esta situación, los lugareños exigen la intervención urgente de las autoridades ambientales y de PEMEX para que se evalúen los daños y se emprendan acciones de limpieza y saneamiento. Además, temen que el hidrocarburo siga filtrándose hacia los mantos freáticos, provocando una contaminación aún más extensa en la zona.